Mediación en el divorcio de mutuo acuerdo

El divorcio es la crisis que produce la ruptura del matrimonio. Aunque tradicionalmente se asocian sensaciones negativas con la palabra divorcio, en muchas ocasiones no queda más remedio que recurrir a esta figura legal para dar por terminado un matrimonio que no ha funcionado como se esperaba.

El divorcio puede ser bueno para los dos cónyuges, pues les permite iniciar nuevos caminos vitales en los que sentirse mejor consigo mismos y con el otro. La mediación es uno de los mejores cauces para llegar a un divorcio de mutuo acuerdo, incluso aunque el divorcio se haya planteado como contencioso. A través de la mediación, la pareja que pretende divorciarse tiene una vía de comunicación neutral e independiente para exponer sus posturas y sus intereses, y llegar a una solución acordada que resulte beneficiosa para ambos cónyuges.

Divorcio de mutuo acuerdo

Cuando una pareja decide divorciarse puede optar por dos caminos. El primero es divorciarse de mutuo acuerdo, lo que facilitará el proceso. Si la pareja tiene claras las obligaciones que quiere asumir, será tan fácil como contratar un abogado, que redactará el convenio regulador, y acudir al notario para firmar el acta de divorcio (siempre que no haya hijos menores de edad y el cónyuge femenino no se encuentre embarazado). Estos trámites también se pueden realizar en el juzgado de primera instancia correspondiente.

Otra posibilidad es que el matrimonio quiera disolverse de mutuo acuerdo, pero los cónyuges no coincidan en las obligaciones que asume cada uno. En este escenario, la mediación es el método idóneo para resolver las diferencias y alcanzar un acuerdo de divorcio que después quedará reflejado en el convenio regulador que redacte el abogado y se lleve al notario o al juez.

Divorcio contencioso

El segundo camino de divorcio del matrimonio es el contencioso. Se trata del divorcio más traumático porque supone enfrentarse en los tribunales para llevarlo a cabo. A este divorcio se llega cuando las relaciones personales en el matrimonio se han deteriorado de tal manera que la comunicación en la pareja es inexistente o muy conflictiva. La mediación juega aquí un papel muy importante, porque permite a los cónyuges comunicarse en un escenario neutral, a través del mediador, que es una persona independiente que velará porque las partes dejen a un lado las emociones para exponer sus intereses y alcanzar un acuerdo común.

Este procedimiento de mediación se realiza a través de varias reuniones con el mediador, encuentros conjuntos y exposición de puntos de vista. Además, se usan técnicas de negociación y de comunicación no violenta, entre otras, para conseguir un final satisfactorio. Una cuestión muy importante es que el mediador no decide el acuerdo; es decir, el mediador no es un juez ni un árbitro, sino el ayudante de la pareja, a la que acompaña en la búsqueda de la solución dialogada para su conflicto. Son los cónyuges quienes, a través de la negociación y ayudados por el mediador, alcanzan las soluciones, acordes con la que ley, que más les convienen a ambos. Esa implicación es indispensable por dos motivos: se satisfarán, al menos parcialmente, las necesidades y deseos de las dos partes y se podrá mantener una relación más positiva y fluida de cara al futuro, algo importante incluso cuando no hay niños de por medio.

Cuando una pareja llega a un divorcio contencioso en el juzgado, surgen dos vías. Puede ser que los dos cónyuges se den cuenta de que, antes de iniciar el pleito, es mejor intentar una solución negociada. En este caso, pueden recurrir a un mediador que les ayude a encontrar un acuerdo. En caso de que el procedimiento judicial de divorcio se haya iniciado, el juez puede ofrecerles la posibilidad de ir a una mediación para conseguir un acuerdo y evitar el proceso judicial. No hay que desaprovechar la oportunidad de acudir a una mediación, puesto que siempre será mejor alcanzar una solución en el que los dos cónyuges ganen que someterse a una sentencia judicial donde el magistrado tendrá que ser salomónico y no dejará satisfecho a nadie.

Cada divorcio es diferente porque hay muchos factores en juego. No es lo mismo un divorcio de un matrimonio sin hijos que una disolución matrimonial con hijos de por medio. Lo que sí deben saber los cónyuges es que en el proceso de mediación se pueden acordar todos los elementos que sean negociables: cuantía de las pensiones compensatorias, de las pensiones de alimentos, régimen de custodia y de visita de los hijos, reparto de los bienes del matrimonio, etcétera. Pero que todo se pueda negociar no significa que ninguno de los cónyuges pueda renunciar a obligaciones legales como el pago de la pensión de alimentos o la patria potestad sobre los hijos, por poner dos ejemplos.

Cuánto cuesta un divorcio

El coste de un divorcio tramitado judicialmente y con abogado oscila entre los 1.000 y los 2.000 euros. No existe una cantidad concreta, pues los letrados son libres de fijar sus honorarios con sus clientes. Además del coste económico hay que considerar el temporal y el sentimental. En función de la carga de trabajo de los juzgados, un divorcio se puede demorar entre 6 meses y un año por vía judicial, siempre que no existan recursos judiciales posteriores. Por otro lado, el desgaste sentimental puede ser muy alto al confrontarse de forma directa la pareja.

Frente a esto, la mediación es un procedimiento más rápido y barato. Si existe verdadera voluntad de acuerdo, en cuestión de semanas se puede solucionar el divorcio y llevarlo ante notario o bien hacérselo llegar al juez para que lo ratifique (un procedimiento que se denomina homologación judicial). En cuanto al coste de la mediación en procesos de divorcio, se acuerda antes de iniciar el procedimiento. Se establece un presupuesto por sesión y también por la elaboración de los acuerdos finales. El coste de la mediación en divorcios ha de ser asumido a partes iguales por los cónyuges, si no disponen otra cosa. Esta es una diferencia muy importante con respecto al juicio, donde cada uno deberá pagar su abogado de forma independiente.

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