Qué es el proindiviso: herencias, mascotas y mediación

El proindiviso es una de las figuras legales más temidas y que en algún momento de la vida nos alcanza a todos.

Qué es el proindiviso y ejemplos

Lo primero, el proindiviso se puede definir, a grandes rasgos, como la situación de copropiedad sobre una cosa o un derecho. De esa cosa son propietarios dos o más personas. Y puede suceder que la cosa sea divisible o no divisible, lo que complica su gestión. Pasemos de los términos abstractos a las situaciones particulares de la vida real para entenderlo.

Por ejemplo, estará en situación de proindiviso un piso o local heredado por dos hermanos. Las viviendas son bienes que no se pueden dividir (de forma general) para que cada uno de los propietarios se lleve la parte que le corresponde y disfrute de ella. Lo mismo sucedería con un coche o incluso con un caballo que tenga varios propietarios. También se estaría en situación de proindiviso ante una suma de dinero, aunque en este caso sí se puede repartir entre los dueños, lo que facilita su liquidación.

Un caso muy común de proindiviso es el de las mascotas. Hay parejas, estén casadas o no, que compran o adoptan un perro, un gato u otro animal, y lo ponen a nombre de los dos. Cuando se divorcian o se separan surge el problema, ¿quién se queda con la mascota? Está claro que no se la puede partir por la mitad. En estos casos se puede acordar un régimen de “custodia compartida de mascotas” y la mediación puede ayudar a conseguir acuerdos de visitas sobre la mascota, reparto de gastos o fijación de vacaciones. Las mascotas son cosas y, si se llega a juicio, el juez tomará una decisión salomónica, así que mejor negociar un acuerdo que beneficie a las dos partes.

Estas situaciones de proindiviso son muy habituales y se generan, sobre todo, en el momento de aceptar herencias entre cuyos bienes se encuentran viviendas u otras cosas no divisibles. Por eso, la mediación en conflictos de herencia también es muy útil para deshacer proindivisos. El proindiviso es una figura que está regulada en el Código civil y nadie se puede sustraer a sus efectos. Además, permanecer en situación de proindiviso conlleva unos derechos y obligaciones, como:

  • Participar en los beneficios pero también las cargas que soporte el bien (un ejemplo de beneficio sería el alquiler de una casa, cuyo importe se repartiría entre los dueños; un supuesto de carga sería el pago de los impuestos de esa casa, que deberían abonar todos los propietarios).
  • Contribuir a los gastos de conservación de la cosa (siguiendo con el ejemplo de la casa, serían gastos de pintura o fontanería, si los hubiese, que deberían pagar todos los propietarios).
  • No se pueden hacer mejoras en la cosa común sin el consentimiento de todos los dueños.
  • La posibilidad de disfrutar de la cosa corresponde a todos los propietarios por igual, lo que genera problemas de uso compartido.
  • Los acuerdos para administrar el bien se deben tomar por mayoría (por ejemplo, para alquilarlo o venderlo).
  • Cada propietario podrá vender su parte de propiedad, cederla o hipotecarla, lo que puede llevar a situaciones de compartir la cosa con personas ajenas y desconocidas. Esta situación es difícil que se dé, pero no imposible.

Mediación para “deshacer” el proindiviso

Así que mantener el proindiviso no es una de las mejores decisiones si lo que se quiere es hacer con la cosa lo que a uno le plazca. Para ayudar a solucionar estos problemas entra en juego la mediación, porque muchas veces los propietarios de la cosa común no se ponen de acuerdo sobre cómo disponer de ella, cómo gestionarla, cómo mejorarla o, sencillamente, como liquidar su participación.

A través de la mediación se puede establecer un canal de confianza, neutral y confidencial, entre todos los dueños para limar diferencias y conseguir un acuerdo sobre el proindiviso. Por ejemplo, se puede acordar cómo se usará la cosa, quién la tendrá en determinados momentos del año, venderla, a qué precio y a quién, quién asumirás las reparaciones y cuánto se le compensará, etcétera. Si el bien del que hablamos es una mascota, como un perro, sus propietarios pueden convenir con quién reside de forma habitual, cuándo lo puede visitar la otra persona, cuándo puede quedárselo, cómo se reparten los costes y un sinfín más de situaciones.

La mediación es un método voluntario de resolución de conflictos. Y esta voluntariedad hace necesario que todos los dueños que quieran someterse a la misma lo realicen con el verdadero objetivo de alcanzar un acuerdo, pues en caso contrario la mediación no les ayudará en nada.

Por ejemplo, en el caso de un grupo de familiares que ha recibido una vivienda en una herencia, la mediación puede servir para lograr un acuerdo de uso de la misma, de venta y adjudicación del dinero o de alquiler de unos a otros, por poner algunos supuestos. Y todo ello con las ventajas propias de la mediación: rapidez, economía, confidencialidad, neutralidad e imparcialidad. Además, el acuerdo al que se llegue es de obligado cumplimiento para todas las partes.

En la situación de proindiviso conflictivo, el mediador servirá como cauce de comunicación y de acercamiento entre los propietarios para que lleguen a una solución negociada que beneficie a todos. Es importante resaltar que el mediador es un profesional formado en la gestión de conflictos, independiente, imparcial, neutral y que tiene deber de confidencialidad sobre los datos que se le trasladen y las informaciones que se aporten. Todo esto garantiza que se pueda realizar una negociación seria y efectiva y alcanzar un convenio en las mejores condiciones y sin ventajas de unos propietarios sobre los otros.

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