¿Qué pasa si no se llega a un acuerdo en una mediación?

¿Qué pasa si no se llega a un acuerdo en una mediación?

Muchas personas se preguntan qué pasa si no se llega a un acuerdo en una mediación. La respuesta rápida es que no pasa nada, pero con algunos matices que comentar. La mediación es una forma de resolver conflictos voluntaria. Y esta voluntariedad hace que, si no se alcanza un acuerdo, ninguna de las partes sufra consecuencias negativas.

Ahora bien, la solicitud de una mediación tiene unos efectos civiles que son importantes conocer. Cuando un ciudadano cree que ha sufrido una lesión en alguno de sus derechos (por ejemplo, el ex marido que quiere cambiar el régimen de custodia de sus hijos a una custodia compartida) tiene unos plazos para demandarlo en el juzgado. Y, una vez que demanda, su abogado debe cumplir unos tiempos para contestar determinados escritos. La solicitud de una mediación paraliza esos plazos: bien el periodo que tenemos para presentar el asunto ante el juzgado o, si ya se ha iniciado el proceso judicial, los plazos que regulan cuándo hay que contestar escritos o cuándo se celebran los juicios. Si en 15 días no se ha iniciado el procedimiento amistoso para resolver las diferencias, o bien si al final de la mediación (que puede durar semanas o meses) no se llega a un acuerdo, estos plazos vuelven a correr.

Por otro lado, si la mediación se produce cuando el proceso judicial ya se ha iniciado (lo que se denomina mediación intrajudicial), el final de la mediación sin acuerdo vuelve a poner en marcha el reloj de los tiempos procesales. No es una consecuencia negativa para ninguna de las partes que tiene el conflicto, pero es un efecto de no alcanzar un acuerdo de mediación y hay que estar atentos para que no se pase el plazo.

En junio, los Juzgados de Barcelona acordaron que podrían condenar en costas por mala fe a la parte que no acudiese a una sesión informativa de mediación. Es importante saber que esto no significa que los Juzgados de Barcelona condenen en costas a quien no llegue a un acuerdo en la mediación. Sólo se sancionará (si lo consideran necesario) a quien no fue a informarse sobre las ventajas de la mediación para resolver su conflicto y siempre que el juzgado hubiese enviado a las partes a mediación. La clave es que no se puede imponer una sanción a quien no llegue a un acuerdo en mediación, pero sí a quien ni siquiera se ha interesado por saber si la mediación podría ayudarle y ha preferido seguir la vía judicial, más costosa y lenta. Situación diferente es no cumplir un acuerdo de mediación, pues en este caso sí que se llegó a un pacto, pero una de las partes no cumple. Entonces, la parte perjudicada podrá exigir su cumplimiento en el juzgado. Son situaciones diferentes que parten de posiciones distintas: aquí analizamos las mediaciones que no llegan a nada; en el segundo caso se trata de mediaciones que han acabado con acuerdo y después no se cumple.

En la mediación penal, que se realiza en determinados delitos, se siguen las mismas pautas. En este caso, si la víctima y el agresor no alcanzan un acuerdo de reparación en la mediación, el proceso penal se desarrollará en todas sus fases hasta que acabe con una sentencia. La mediación penal presenta algunas peculiaridades con respecto a la mediación civil, pero tampoco se puede obligar a ninguna de las partes a que alcancen un acuerdo. En todo caso, el agresor no puede sufrir ningún perjuicio por no llegar a un acuerdo en mediación, pues su presunción de inocencia está vigente hasta que haya una sentencia condenatoria. Tampoco se puede usar la falta de acuerdo en mediación como argumento en el juicio.

En definitiva, si en la mediación no se llega a un acuerdo, no pasa nada negativo para ninguna de las partes. Cada una puede decidir qué hacer después: acudir al juzgado, pedir un arbitraje o darse un tiempo para intentar negociar de nuevo (excepto en la mediación penal). Esto es así porque una de las ventajas de la mediación es que se trata de un procedimiento voluntario y, como tal, no se puede obligar a nadie a convenir en aquello en lo que no está de acuerdo. Si se obligase a aceptar un acuerdo, este sería nulo y no tendría ninguna eficacia. Hay otro efecto importante que resaltar: la mediación es confidencial, por lo que nada de los sucedido dentro de ella podrá ser usado como prueba en un proceso judicial posterior. Esta obligación de confidencialidad incluye al mediador, pero también a las partes y a todos los que hubiesen intervenido.

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