¿Es necesario ser abogado para ser mediador?

Muchas personas que oyen hablar de la mediación, o que se interesan por ella, nos preguntan si es necesario ser abogado para ser mediador. Y la respuesta rápida es que no. El mediador es un profesional que dispone de cualquier título académico universitario o de formación profesional superior. Pero no sólo eso, sino que el mediador ha recibido una capacitación específica para poder ejercer esta profesión. En esa formación se tratan aspectos legales, pero sobre todo técnicas para resolver conflictos, estimular la colaboración y la creatividad.

Si piensa que el mejor mediador es un abogado, está en un error. Como todo en la vida, cuánto más conocimientos tenga una persona, mejores respuestas podrá aportar en determinadas cuestiones. Si el mediador es abogado, su conocimiento sobre leyes puede ayudar a las partes en puntos concretos. Pero ocurre que la mediación no es un juicio ni un arbitraje; la mediación es un procedimiento de encuentro entre dos personas (o empresas) que tienen un conflicto y que quieren solucionarlo sin ir a juicio, a través de la negociación. Y este “sin ir a juicio” es muy importante, porque implica que las partes no quieren caer en las rigideces del procedimiento judicial: plazos perentorios, formulismos legales, prácticas de pruebas muy específicas, costes económicos y emocionales elevados, etcétera.

A diferencia de un juicio, la mediación es un proceso comunicativo y creativo, por eso se exige del mediador una formación en técnicas para estimular la comunicación entre las partes en conflicto, para hacerlas mirar al futuro y para ser creativas en las soluciones que pueden dar a su problema. El conocimiento del Derecho se circunscribe a saber que se puede pactar todo lo que no esté prohibido por la ley, pues el acuerdo de mediación final tiene la misma eficacia jurídica que un contrato.

Esto no significa que los abogados sean malos mediadores. Al contrario, como profesionales, si cuentan con la adecuada formación, pueden ejercer la mediación con absoluta efectividad y profesionalidad. Lo que debe quedar claro es que un abogado no es mejor mediador per se que un psicólogo o que un periodista. Aunque la mediación tiene relación con el mundo jurídico es muy diferente del ejercicio de la abogacía. Con todo, habrá asuntos, por su complejidad, en los que el mediador puede recurrir a un abogado independiente para que le asesore en determinadas cuestiones. O habrá parcelas de la mediación (como los concursos de acreedores) en las que el mediador debe contar con una titulación concreta (Derecho o Económicas).

Por este motivo es conveniente que los mediadores sean profesionales de diferentes disciplinas, como periodistas, ingenieros, antropólogos, trabajadores sociales, arquitectos, psicólogos y también abogados, entre otros. Cada uno de ellos aportará una visión al problema y por este motivo se fomenta tanto la comediación, es decir, las sesiones de mediación con dos mediadores de distinta formación académica. Cada uno aportará una visión del conflicto y enriquecerá las vías para solucionarlo.

Se puede preguntar “quién me garantiza que el acuerdo que voy a firmar es legal y no está prohibido”. Primero, usted no tiene que rubricar, y por lo tanto obligarse, a aquello con lo que no esté seguro o conforme. El mediador nunca le obligará a pasar por un acuerdo y nunca impondrá sus puntos de vista. En segundo lugar, siempre puede recurrir a un abogado para que verifique que el acuerdo que se dispone a sellar es perfectamente legal. Y tercero, en caso de que el acuerdo contuviese algún término ilegal, siempre podrá impugnarlo ante un tribunal.

Ser abogado y mediador es un plus, pero en un procedimiento flexible y creativo como la mediación no es un requisito indispensable. Además, el abogado-mediador nunca podrá representarle en un juicio que tenga que ver con la mediación que ha dirigido. La confidencialidad del proceso de mediación lo hace imposible. Lo verdaderamente relevante en un mediador es que cuente con la formación específica, sea capaz de conseguir que las partes que tienen un conflicto vuelvan a comunicarse, entiendan lo beneficioso de solucionar su problema sin ir a juicio y les ayude a consensuar un acuerdo beneficioso para ambas.

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